Lauda y Prost fueron campeones tras sus retornos y Fittipaldi ganó las 500 Millas de Indy.

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“No tengo dudas. Estaré a la altura de Alonso y Lewis. El objetivo es ganar lo antes posible el Mundial”, dice Michael Schumacher.

Algunos recelan de que las cosas vayan a ser tan fáciles para el alemán como otros las pintan. Dicen los primeros que nunca segundas partes fueron buenas. Los otros, que el talento es lo que cuenta. Se aferran a ejemplos, desde el fiasco del retorno de Jacques Villeneuve, despedido por BMW a media temporada para dar entrada a Robert Kubica, a los regresos existosos de Niki Lauda, Alain Prost o Nigel Mansell; los tres consiguieron ganar GP y Niki y Alain, además, conquistaron el título.

El caso más parecido al actual de Schumacher es el de Niki Lauda. El austríaco se bajó del coche durante los entrenamientos del GP de Canadá, penúltima prueba del Mundial de 1979, y le dijo a Bernie Ecclestone, el patrón de Brabham, que estaba por completo desmotivado e iba a retirarse a final de temporada. Ecclestone le dijo que si estaba tan desmotivado, mejor parar ahora y en el siguiente entrenamiento subió al argentino Ricardo Zunino.

Lauda tardó, como Michael, tres años en volver. Lo hizo con McLaren, disponiendo de uno de los mejores coches en la parrilla y en su tercer GP logró ganar de nuevo. Y en 1984 conquistó la corona, en batalla con su compañero Alain Prost –la superioridad de McLaren era total– por medio punto de ventaja. No pudo defender el título en 1985 cuando su coche fue acumulando roturas y el título fue a parar precisamente a Prost.

Alain Prost también protagonizó un sonado retorno. Tras tres títulos con McLaren se pasó a Ferrari porque los ‘rojos’ querían volver a ganar otra corona. La presión fue tal que tras dos temporadas decidió colgar el caso a finales de 1991. Volvió en 1994 con Williams y fue de nuevo campeón para decidir retirarse de forma definitiva, algo absolutamente inesperado; la razón fue clara: no quería volver a tener a Ayrton Senna por compañero –Williams lo había fichado para 1994– después de la amarga experiencia de 1989 en McLaren cuando el título se decidió a golpes.

Justo antes de Prost, Nigel Mansell protagonizó otra sonada segunda parte. Tras ser campeón con Williams en 1992 prefirió pasar a la F-Indy –con éxito, ya que fue campeón– para no tener a Prost de compañero. En 1994 volvió a Williams tras el mortal accidente de Ayrton Senna para ayudar en la recta final del campeonato a Damon Hill. Ganó una carrera, pero al año siguiente, en McLaren, sufrió muchos problemas y lo dejó tras sólo dos GP.

Caso aparte, el de Emerson Fittipaldi. En 1981 decidió retirarse porque el doble papel de piloto y director de su propio equipo eran difíciles de conllevar. Los otros Fittipaldi de la familia nunca fueron brillantes y Emerson acabó casi arruinado, cerrando el equipo a finales de 1982.

En 1984 decidió volver a correr, aceptando una invitación para disputar la CART en Estados Unidos. Tardó tiempo en aclimatarse pero pronto evidenció que iba a ser uno de los grandes. En 1990, con 41 años, ganó por fin las 500 Millas de Indianápolis y fue campeón de la categoría. En 1993 cerró a Nigel Mansell las puertas de la victoria en las 500 Millas, que el brasileño se adjudicó por segunda vez.

Prosiguió su carrera y en 1996, ya con 50 años, un accidente le dejó en el dique seco media temporada. En 1997 quería correr pero un nuevo accidente –en ultraligero– puso fin a su trayectoria.